El aplauso, al final de una manifestación artística, es una expresión sonora, colectiva y ritual, que tiene para el espectador una función catártica, social y participativa. 

Cognitivamente el aplauso indica al sujeto que la ficción ha concluido.

El aplauso sucede:

  • Como resultado de un estado particular del ánimo: asombro, alegría, euforia, entusiasmo, epifanía. El aplauso sucede como explosión/bigbang/destello espontáneo que libera energía procedente de la tensión generada en el espectador durante el transcurso de la representación. Este exceso de energía necesita ser liberado, busca concluir, es un movimiento de la tensión al reposo. (Función catártica) 
  • Como convención social de reconocimiento. El aplausómetro: la sonora medida del éxito. Los modales y buenas costumbres generan aplausos no espontáneos que ponen de manifiesto apreciaciones artísticas, admiración, muestras de respeto ya sea personal o estético. El aplauso funciona como marca social y convención en la que el espectador también se define a sí mismo. El acto de aplaudir (o no) define el gusto, el sentir o la admiración del sujeto/espectador, y lo pone en relación con el grupo. (Función social)
  • Como retorno al Uno Primordial. El aplauso es una acción colectiva que reúne, hace participe activo y sonoro del ritual. Encuentro entre individuos cuyo pulso individual se sincroniza con el de la masa, el instante en que la masa tiene voz. El ritmo del individuo queda sumido al ritmo colectivo.  (Función ritual) 
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